Capítulo 1
5-2-1: cinco letras, dos palabras, un sentimiento
Mara quedó paralizada al comprenderlo: Karl Mendel había recuperado la memoria.
Sin decir una palabra, activó la esfera. La realidad se plegó ante ella y una puerta se abrió hacia una pradera interminable. El viento agitaba la hierba como si el lugar respirara. A lo lejos, la mansión emergía del paisaje, imponente y silenciosa, como un recuerdo que se niega a morir.
Caminó varios minutos hasta detenerse bajo un árbol. De una de sus ramas colgaba un columpio.
Sintió el golpe seco de la nostalgia en el pecho.
Ahí se encontraba con Karl. Ahí fingían que el mundo no estaba roto.
Se sentó y se balanceó apenas, observando el horizonte. El pasado la envolvió como una neblina tibia. Luego se levantó.
No podía quedarse demasiado tiempo.La mansión la esperaba.
Aquella casa había sido un refugio. Un hogar donde la esperanza sobrevivió incluso durante la guerra. Donde el amor fue posible cuando todo lo demás se desmoronaba. Ahora no era más que una base fría, plagada de laboratorios, cables y maquinaria. Un santuario dedicado a un propósito que ya ni siquiera sus seguidores comprendían del todo.
Al cruzar la puerta principal, el silencio se volvió espeso. Los soldados cronomantes se cuadraron al verla.
—A sus puestos —ordenó con un gesto.
Ellos obedecieron sin mirarla a los ojos.
Avanzó por el vestíbulo. En una de las habitaciones encontró camillas oxidadas y equipo médico olvidado. Pasó los dedos por una de ellas y, sin quererlo, regresó a aquel día.
La ciudad había sido destruida. El ejército, derrotado. Ella agonizaba entre escombros.
Karl la había cargado en brazos.
—No te duermas —le repetía—. No ahora.
La mansión apareció como un milagro. Esther, la doctora, hizo lo imposible con casi nada.
—Está estable —dijo—, pero si no encontramos un lugar adecuado, no sobrevivirá.
El lugar lo tenía todo. Raimundo Dirtbound lo había abandonado tras demasiados fracasos. Nadie imaginó que ese laboratorio sería su salvación.
Cuando Mara despertó, Karl estaba allí.
Siempre estaba allí.
—No se ha movido desde que llegamos —le dijo Esther—. Ni siquiera cuando le dije que descansara.
Mara comenzó a llorar.
—Yo… —tragó saliva—. Yo no quería esto. Nunca quise que pasara. Ese robot… destruyó mi casa. Ellas… —la voz se le quebró—. Yo no pedí esto.
Karl le limpió las lágrimas con torpeza, como si temiera romperla.
—Shh… —susurró—. Descansa. Ya hablaremos después.
Esther los interrumpió.
—Karl, necesito que salgas. Mara debe dormir.
Días más tarde, al despertar definitivamente, él regresó con un plato de comida.
—¿Te gustaría desayunar conmigo?
Mara no respondió de inmediato. Una lágrima rodó por su mejilla.
—Sí.
El comedor volvió a materializarse ante ella. Limpió una mesa cubierta de polvo y se sentó. Los recuerdos no tardaron en regresar.
—¿Por qué me salvaste? —le preguntó entonces—. Pudiste huir. Nadie te habría culpado.
Karl evitó su mirada.
—Cuando te vi… sentí que ya te conocía.
—¿Cómo?
—Como si te hubiera perdido antes. Como si fallarte otra vez no fuera una opción.
Mara sonrió, incrédula.
—Eso suena poco científico.
—Lo sé —admitió—. Pero fue real.
—¿Crees que fuimos algo en otra vida?
Karl se puso rígido.
—No lo sé.
Ella tomó su mano.
—Entonces averigüémoslo.
El jardín la recibió con tierra muerta y plantas marchitas. Antes había sido fértil. Karl y ella lo hicieron florecer con chatarra y voluntad. Contra todo pronóstico, crearon milagros.
La comunidad los amaba.
Por primera vez, Mara se sintió suficiente.
La librería. El estudio. La terraza.
La noche mágica.
Karl se arrodilló ante ella, nervioso.
—No es perfecto —dijo mostrando la sortija—. Pero lo será.
—Karl… —susurró—. No necesito nada de eso. Solo dime que no me dejarás.
—Nunca.
—Entonces sí.
—¿Sí qué?
—Sí a todo.
—Patético.
La palabra cayó como un cuchillo.
Eleonor estaba allí.
—¿Cómo lo permitiste? —exigió Mara—. ¿Cómo dejaste que Karl recordara?—Porque el caos es más interesante —respondió Eleonor—. Y tu hija… resultó ser brillante.
—¿Qué hiciste?
—Nada que no hubiera hecho sola.
El nombre de Ana flotó entre ellas como una amenaza.
—Ella creó el dispositivo —continuó Eleonor—. El opuesto. El recuerdo contra el olvido.
-- Hace
más de un año, llego a la base con un casco extraño, tenía lentes en forma de
reloj, ella hizo una versión opuesta al casco, si este borraba recuerdos, ella
crearía un mecanismo que podía restaurarlos – respondió Eleonor – No pensé que
tuviera éxito, hasta que un día volvió de una misión, hablaba de un bosque
conectado a un templo donde se conectan las realidades o algo así, me dijo que
se había apropiado de una espada que le mostro grandes secretos y encontró la fórmula
para hacer lo imposible, posible.
- ¡¿Cómo permitiste que trabajara en ese invento?! – le reclamo Mara - ¡Ahora todo se echara a perder!
-
¿me reclamas a mí por no hacer algo? ¿acaso no fuiste tú quien cayó en su
señuelo de las bases, dejando sin vigilancia alguna el apartamento donde estaba
cautivo tu esposo? – inquirió Eleonor – por otro lado, intenté desanimarla
muchas veces, pero tomo mis palabras como un desafío, Ana es terca, estaba
empeñada en lograrlo.
Mara
gruñó mientras Eleonor soltaba una carcajada.
-
¿de qué te ríes? - pregunto Mara –si me atrapan, también irán por ti
-Eso
depende- respondió Eleonor- claro, es obvio que trataran de convencer a
empleados y gente relacionada de Dirtbound para ver en sus recuerdos alguna
conexión que te lleven a ti, eso les tomara tiempo, puede que sus primeros
“pacientes” sean los científicos a los que les robe recuerdos para crear la
tecnología que necesitabas, ahora te pregunto “amiga” ¿Cuánto tiempo necesitas?
-
¿A qué te refieres? - pregunto Mara
-Del
dispositivo que potenciara el poder de Ana para que el reinicio de la realidad
sea un éxito, me entere que hubo un sabotaje y nuestra querida niña tuvo que
ver, a pesar de que di pistas falsas, logró encontrar una de las fábricas y
daño parte de las piezas en una pelea contra tus inútiles soldados – le explico
Eleonor con una voz muy delicada- debido al plan que tiene ella y Mendel, yo
podría ganar un poco de tiempo para que lo termines, vuelvo y te pregunto
¿Cuánto tiempo necesitas?
Mara
se quedó pensativa por un rato, entonces respondió
-dos
meses – respondió- necesito dos meses.
-¿Estás
segura? ¿ese es el tiempo que necesitas o es el tiempo límite que te puso la
emperatriz del tiempo? – se mofo Eleonor - ¿No se supone que somos socias? ¿Por
qué no la he visto, si es ella la que te encargó esta “misión sagrada”? ¿no será
un invento de tu imaginación?
-
¡Ella existe! – respondió Mara – solo que ella ya no puede intervenir en esta línea
de tiempo.
Entonces
Mara recuerda la última noche que se comunicó con la emperatriz, su rostro, su
cuerpo, era similar al de Ana, excepto por su cabello plateado y ojos azules, vestía
una armadura rosada y purpura con adornos dorados, su capa parecía estar hecha
de una galaxia, decorada con estrellas y nebulosas, en su mano derecha sostenía
una larga hoz aurea.
-la
situación es peor de lo que imagine- le dijo la emperatriz – necesito de la
ayuda de Ana y la tuya.
-
Ana no va a cooperar, ella escapo, no pude contenerla – respondió Mara
preocupada.
-
Lo sé, ahora que se ha unido al bando contrario, va a hacer todo lo contrario,
ellos ignoran que el vacío de la realidad, no sé exactamente cuándo sucederá,
pero no podemos confiarnos, debemos actuar ahora – le dijo solemnemente la
emperatriz.
-
¿Qué puedo hacer? – pregunto Mara angustiada.
-
¿recuerdas los sueños que tuviste? – pregunto la emperatriz – cada sueño era
una visión de lo que ella podría convertirse, sin una fuerza opuesta, su poder podría
llevar a convertirla en un ser sin control, una dictadora, una destructora de
mundos, para que ella busque el camino del bien, debe existir la oscuridad. Ana
debe mantener su pureza, es la única forma de que realice el salto cuántico que
la lleve al origen del punto inflexible del tiempo que activo el vacío, un
hecho que no debió suceder. Tu eres la única que puede oponerse a ella, eso
quiere decir que, si ella es luz, tú debes ser oscuridad, tú ya diste el primer
paso.
Mara
sintió un gran dolor en su pecho, su corazón dolía, sus rodillas cayeron y mirando
el piso, pregunto.
-¿No
hay nada que hacer? –
La
emperatriz se acercó a Mara e intento reconfortarla – No hay alternativa, no te
hubiera involucrado si yo pudiera hacerlo, pero soy quien soy porque forje mi
camino con muerte y destrucción, mis manos están manchadas de sangre, como las
tuyas.
Mara
retrocedió y empezó a llorar - ¡fue un accidente! ¡yo no quise hacerlo!
-lo
hecho, hecho está – respondió la emperatriz – No puedo hacer más, ya quebrante
algunas leyes con tal de dirigir a Ana en la dirección indicada, no puedo
acompañarte, todo depende de ti.
La
emperatriz le dio la espalda, pero antes de irse le dijo a Mara – Tal vez Ana
sea la heroína que salvó el tiempo, pero sin ti, no lo logrará, nuevamente, me
disculpo, mamá.
La
emperatriz crea una abertura espacio- temporal y desaparece.
Entonces,
Mara es rodeada por corrientes de oscuridad, sus ojos se tornaron purpura, todo
se volvió oscuro.
Mara volvió en si.
—Ya no puede intervenir.
—Entonces estás sola —concluyó Eleonor—. Como siempre.
Antes de irse, Mara habló:
—No los lastimes.
Eleonor rió.
—Nunca te entiendo.
Mara
la miró con desprecio y luego suspiró
-Tendré
cuidado - respondió Eleonor- hay que seguir manteniendo esta farsa por más
tiempo, porque si dependiera de mí, ya habría finalizado con este circo hace rato,
sin embargo, tenemos un trato y honrare mi promesa, ¡juntas obtendremos lo que
tanto queremos!
Eleonor
abandona el lugar, Mara contempla el paisaje, recordó el día que decidió
declararse a Karl, ambos eran tímidos y el no había tomado la iniciativa,
entonces ella le dio una carta, en el reverso decía “5-2-1”, abrió la carta y
decía, 5 letras, dos palabras, un sentimiento, te amo.
Mara
se quebranta, se preguntaba como había podido terminar todo de esta manera,
temía que el amor de su vida la rechazara, sus manos estaban manchadas de
sangre inocente, tomo la vida de Raimundo, el mejor amigo que tuvieron en el
refugio, los voluntarios al experimento murieron, en cada momento, en cada
noche, el recuerdo de sus víctimas la perseguía.
-Karl…temo
haberte perdido para siempre ¿podrías seguir amándome después de todo lo que he
hecho? – trató de secarse las lágrimas, entonces el sonido de un relámpago la
dejo en shock, se aproximaba una tormenta.




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