jueves, 22 de enero de 2026

Anacrónica: crónicas del memorimante: Capítulo 11

    Capítulo 11 

El teatro entre dimensiones 


La mujer entonó una melodía. De la nada apareció una orquesta; el salón se expandió, el espacio respiró, y surgieron una mesa y varios asientos frente al escenario. Impresionados, Ana y los demás tomaron asiento justo a tiempo para el inicio del espectáculo.

Las variantes comenzaron a aplaudir.

—Gracias, son muy amables —dijo la mujer con una sonrisa amplia—. Para quienes no me conocen, mi nombre es Agatha Pérez. Hoy quiero dar la bienvenida a unos invitados especiales. A continuación, cantaré una canción que compuse hace poco… en honor a ellos.

Agatha señaló a Ana.

Ana se sonrojó. Miró a las otras variantes: algunas eran casi idénticas a ella, otras apenas compartían el overol, otras parecían versiones lejanas, como ecos deformados.

—Cuando todo esto termine —murmuró Ana—, creo que me teñiré el cabello de azul o púrpura.

Karl arqueó una ceja.

—¿Qué dices?

—Nada… solo intento bromear. Estoy un poco tensa —respondió Ana.

Agatha comenzó a cantar. Su voz no solo se escuchó: ordenó el aire.

Intrépida es ella,
cauto es él,
dos pasos distintos
hacia un mismo umbral.

Cuando la anomalía
tiembla en el tejido del ser,
no hay reloj que resista,
no hay miedo que no puedan ver.

Cruzan burbujas de tiempo,
rompen márgenes, leyes y sal,
si el universo guarda secretos,
ellos sabrán dónde mirar.

Ana volvió a sonrojarse. Las variantes aplaudieron con entusiasmo.

—Gracias —dijo Agatha, emocionada—. Por eso los adoro a todos.

Sus ojos se encontraron con los de Ana.

—Este lugar es un refugio —continuó—. Todas las Anas son bienvenidas. Aquí estarán a salvo. Aquí lo tendrán todo.

Ana dio un paso al frente, pero Meldric la detuvo.

—Aceptemos la propuesta —dijo en voz baja—. Necesitamos descansar antes de buscar el origen de Jagannath.

—Estoy de acuerdo —confirmó Karl.

—¡No tenemos tiempo! —protestó Aza—. Mientras estamos aquí, ese monstruo está destruyendo mi mundo.

—Sin un plan, no sobreviviremos —intervino Arfaxad.

—Jagannath solo quiere una cosa —explicó Meldric—: eliminar a Ana y a sus variantes.

—Sé que no es el momento,me presento,soy Johana, tengo una pregunta.

Meldric hizo un gesto con su mano para que procediera. 

—¿Estás seguro de que nuestros mundos no corren peligro? —preguntó Johana.

—Doy mi palabra —respondió Meldric—. Ustedes son el obstáculo de Balak para hundir la existencia en la nada absoluta.

La voz de Agatha, suave pero firme, se impuso.

—No hay necesidad de discutir. Este lugar ha creado habitaciones para todos.

Nadie respondió. Algo en su voz no permitía la réplica.

Ninguno hablo, solo la siguieron, había algo en ella que no les permitía seguir protestando, entre los pisos más altos, estaban las habitaciones, en ese pasillo había ventanas por donde se podía ver las nebulosas, al parecer, ese teatro o lo que fuera era similar a la mansión horologium, lugares que podían flotar en medio de galaxias.

Agatha se giró a ellos.

—No podrá llegar a este lugar, aquí todos están seguros — dijo con suavidad.

—No podremos quedarnos para siempre— protesto Aza—mi papá, mi pueblo…

—Sí, ustedes tienen su hogar, su familia, yo no — respondió Agatha.

Esa respuesta fue suficiente para silenciar todo, Ana sintió un nudo en el pecho.Como lo tomaría cada variante al enterarse que si se produce el reinicio y se corrige la anomalía, todos desaparecerían,sintió una gran pena por Afa, Aza, Johana, quienes tenían sus familias, personas que proteger y Agatha, la cual no tenía un mundo a donde regresar y las variantes refugiadas se convirtieron en su razón de existir.

—Iré a descansar—susurró Ana.

Karl entendía lo que pasaba, en el tiempo que llevaba conociendo de nuevo a su hija, ya sabía detectar cuando algo no andaba bien.

Esa noche, Karl trató de conciliar el sueño, pero no pudo, creyó que al resolver el asunto de Amalek, todo sería más tranquilo para concentrarse en salvar a Mara,pero no fue así, salió de su alcoba y vio a Ana, distraída observando el firmamento cósmico a través de la ventana.

—¿tambien tienes problemas para dormir? — le preguntó a Ana.

—Al principio, quería rescatar a mi mamá, convencerla de que aún podía abandonar ese camino, ahora resulta que debo hacer algo que ocasionara que muchas cosas que existen por causa de los cronomantes, dejen de existir —constesto Ana, tenía sentimientos encontrados.

—Ana..

—Me odiaran por esto, no son solo variantes, son personas, tienen sueños, miedos, seres a los que aman, yo, yo no se que hacer— una lagrima rozó su mejilla.

Karl toco su hombro, ella se dio vuelta y Karl la abrazó.

—Se que en mi ausencia, tuviste que enfrentar muchas cosas por ti misma,a pesar de todo, de tu inexperiencia,de enfrentar nuevos retos, siempre tomaste la mejor decisión, pero ahora es diferente, yo estoy contigo, no tienes porque cargar ese peso tu sola —le dijo Karl, Ana empezó a tranquilizarse.

—Tengo miedo, no quiero que por mi culpa, todo desaparezca —expresó Ana.

De pronto, la presencia de Meldric, Arfaxad, Aza y Johana interrumpieron el momento.

—Entonces, ¿eso es lo que temes que pase? —preguntó Afa.

Karl se puso en frente de Ana, no iba a permitir que la hostigaran, sin embargo, Arfaxad, Aza y Johana no tenían deseos de pelear.

—Temía que eso pasaría, desde el momento que supimos de los mundos infinitos, al buscar el rastro de mi madre,comprendimos que nuestro mundo fue consecuencia de las acciones de los cronomantes —explicó Afa.

—Mi papá me enseñó que hacer lo correcto no siempre traía consecuencias agradables, hay un precio que pagar —dijo Aza resignada.

—Mi mundo se encuentra en deterioro, la vida cada vez es mas difícil, si corregir esta anomalía significa el fin, lo aceptare — dijo Johana.

Ana se dirigio a ellos.

—No quiero que desaparezcan, si resolvemos lo que está sucediendo, puede que entre todos encontremos una solución para que no desaparezcan si se corrige la anomalia—expreso Ana,apretó los puños y por un momento quería sentir esperanza.

—No puedo decir que haya una solución satisfactoria para todos, pero puede que la emperatriz tenga la respuesta,cuando acabe esta locura —dijo Meldric.

—Sera mejor que tratemos de descansar, solo quería que supieras Ana, que cuentas con nosotros, mañana haremos un plan —dijo Arfaxad.

—recuerden que en mi casco tengo archivos y mapas de los mundos infinitos, hallaremos un lugar donde puedan potenciar el cetro de Ana y podamos obtener la clave para derrotar a Jagannath —dijo Meldric.

—Ahora,el único inconveniente es Agatha —intervino Aza.

—¿Por qué lo dices? — preguntó Ana

—las puertas dimensionales no sirven —respondió Aza — probamos una esfera con una puerta portátil y no funcionó, su poder es muy influyente en este lugar.

Cada uno volvió a su habitación e intentaron descansar.

Al día siguiente, el teatro volvió a llenarse. Agatha cantó de nuevo, pero esta vez su voz era distinta: nostálgica, posesiva.

El canto de las aves
me enseñó a soñar,
rocío de estrellas
aprendí a sembrar.

Siembro jardines
que no saben partir,
flores que esperan
que alguien las elija a mí.

Hagamos del cielo
un voto final,
una escalera de cristal,
donde amar
sea no marchar.

Las variantes aplaudieron. Agatha sonreía, pero Ana sintió algo más: una súplica disfrazada de promesa. 

Ana los miro a cada uno,estaban de acuerdo que debían hablar con ella.

Mas tarde, en una de las habitaciones, Meldric les mostraba que podia existir un lugar donde estaba Jagannath,cerca de un mundo donde podrían tener la tecnología para potenciar el cetro de Ana.

—Puede que en este lugar encontremos la solución —explicó Meldric.

—Creo que lo mas complicado será convencer a Agatha de que nos deje ir —dijo Ana —No será fácil convencerla.

—Esa debe ser nuestra prioridad, hablemos con ella —sugirió Karl —por lo que he visto,puede que sea alguien razonable.

Esperaron su momento de descanso para ir a su camerino.Ana toco la puerta, Agatha dió el permiso y entraron, Agatha se estaba maquillando y vio al grupo de Ana por el espejo.

—¡Ana! —exclamo Agatha — me alegra que estés aquí ¿Qué tal la estadia? ¿verdad que es fantástico?

—Sí, este lugar es increíble —respondió Ana con entusiasmo, entonces, su semblante cambió 

—No podemos quedarnos —dijo Ana —. Tenemos que enfrentarlo.

Agatha se quedó inmóvil.

—¿Por qué arriesgarse? —preguntó—. Con mi voz puedo darles todo. No las retengo, las resguardo,las protejo del mal.

Ana la abrazó por la espalda.

—¿Qué fue lo que te pasó? —preguntó con ternura.

Agatha se apartó. Caminó hasta un rincón, sin mirarlas.

—En mi mundo… nadie me salvó.

—Todo sucedió en 1945, vivía con mis padres en el municipio de Nocaima, no era una vida perfecta, pero éramos felices, la comunidad del campo era pequeña, pero unida, hasta que cuando llegue a la adolescencia, el poder de mi voz se manifestó, podía crear ilusiones, algunas tomaban forma física, me acusaron de ser una bruja, la iglesia me llamo hereje, que estaba poseída e invocaba espíritus malignos, la comunidad nos rechazaba, pero esa no fue la peor parte,en 1951,grupos armados invadieron nuestra tierra y tuvimos que huir, nos fuimos a la ciudad, pasamos muchas necesidades, entonces vi un anuncio, buscaban un cantante o un espectáculo que fuera impactante, mis padres no me respaldaron y tuve que hacerlo sola —tomo una pausa y siguió. —Me presenté ante el gerente del lugar, Gregorio Barbosa, quedó sorprendido cuando di mi presentación, se volvió mi representante, no sabía que estaba vendiendo mi alma al diablo cuando firme ese contrato, me dio la fama, sí, pero no tenía derecho a descansar, fue una carrera fugaz, llena de éxito, maltrato, polémica y persecución de la iglesia católica, me enamore y fui rechazada, un día, llegue a mi limite, en una presentación, mi ira y frustración se manifestaron, con mis canciones podía crear palomas, flores, esta vez, salieron demonios que incendiaron el lugar, lo último que recuerdo es que una viga había caído sobre mí, sin embargo, desperté en un lugar sin luz, por un momento pensé que era el limbo, sin saber qué hacer, solo canté, entonces, la nada se convirtió en este teatro y luego entendí que el poder de mi voz era moldear la realidad y más en este sitio, donde mi poder había aumentado, con el tiempo, muchos viajeros interdimensionales venían aquí y yo les ofrecía refugio, aquí no era un monstruo, aquí soy amada, no quiero que nadie enfrente las cosas que pase, no quiero abandonar este lugar ni mucho menos quiero que la gente que amo se exponga.

Su confesión fluyó como un lamento antiguo. Cuando terminó, el silencio pesó como una losa.

Karl habló entonces, con una voz quebrada pero firme.

—El miedo me hizo perder a mi familia. No dejaré que vuelva a hacerlo. Permítanos ir. Volveremos.

Agatha no respondió. Solo pidió estar sola.

Ana y compañía dejaron el cuarto, no había nada más que pudieran hacer.

Horas después, hubo otra presentación, pero esta vez. No cantó. Miró a su público.

—Hoy escuché otra voz —dijo—. No la mía… sino la de ustedes.

Respiró hondo.

—Este refugio no debe ser una jaula. Pueden partir.

Entonces el estruendo llegó.

Jagannath.

Agatha abrió una puerta con su voz, desgarrándose en cada nota.

—Piensen en un lugar —dijo—. Yo los llevaré.

—¡Agatha! —gritó Ana.

—Este es mi hogar —respondió ella—. Y protegerlo… también es una forma de amar.

Cantó una última vez. 

Si mi voz fue un muro,
que ahora sea umbral.
Si fui el refugio,
aprendo a soltar.

Canté para quedarnos,
para no caer,
para que el miedo
no aprendiera a morder.

Pero el canto pesa,
cuando niega partir,
y toda jaula hermosa
termina por mentir.

(la voz tiembla)

Ana…
no todas las Anas
deben sobrevivir igual.
Algunas aprendemos
a rompernos
para que otras puedan andar.

Si el mundo exige nombres,
yo dejo el mío aquí.
Que se vuelva eco,
que se vuelva raíz.

No me busquen entera,
no me lloren final:
soy nota suspendida,
soy grieta vocal.

Cuando cantes sin saber por qué,
cuando el aire duela al vibrar,
ahí estaré,
no como voz…
sino como verdad.

La puerta se cerró.

El silencio fue absoluto.

Cuando todo terminó, Ana y los demás se encontraron en una Bogotá elevada sobre las nubes.

Agatha ya no estaba.



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