Capítulo 11
El
teatro entre dimensiones
La mujer entonó una melodía. De la nada apareció una orquesta; el salón se expandió, el espacio respiró, y surgieron una mesa y varios asientos frente al escenario. Impresionados, Ana y los demás tomaron asiento justo a tiempo para el inicio del espectáculo.
Las variantes comenzaron a aplaudir.
—Gracias, son muy amables —dijo la mujer con una sonrisa amplia—. Para quienes no me conocen, mi nombre es Agatha Pérez. Hoy quiero dar la bienvenida a unos invitados especiales. A continuación, cantaré una canción que compuse hace poco… en honor a ellos.
Agatha señaló a Ana.
Ana se sonrojó. Miró a las otras variantes: algunas eran casi idénticas a ella, otras apenas compartían el overol, otras parecían versiones lejanas, como ecos deformados.
—Cuando todo esto termine —murmuró Ana—, creo que me teñiré el cabello de azul o púrpura.
Karl arqueó una ceja.
—¿Qué dices?
—Nada… solo intento bromear. Estoy un poco tensa —respondió Ana.
Agatha comenzó a cantar. Su voz no solo se escuchó: ordenó el aire.
Intrépida es ella,
cauto es él,
dos pasos distintos
hacia un mismo umbral.
Cuando la anomalía
tiembla en el tejido del ser,
no hay reloj que resista,
no hay miedo que no puedan ver.
Cruzan burbujas de tiempo,
rompen márgenes, leyes y sal,
si el universo guarda secretos,
ellos sabrán dónde mirar.
Ana volvió a sonrojarse. Las variantes aplaudieron con entusiasmo.
—Gracias —dijo Agatha, emocionada—. Por eso los adoro a todos.
Sus ojos se encontraron con los de Ana.
—Este lugar es un refugio —continuó—. Todas las Anas son bienvenidas. Aquí estarán a salvo. Aquí lo tendrán todo.
Ana dio un paso al frente, pero Meldric la detuvo.
—Aceptemos la propuesta —dijo en voz baja—. Necesitamos descansar antes de buscar el origen de Jagannath.
—Estoy de acuerdo —confirmó Karl.
—¡No tenemos tiempo! —protestó Aza—. Mientras estamos aquí, ese monstruo está destruyendo mi mundo.
—Sin un plan, no sobreviviremos —intervino Arfaxad.
—Jagannath solo quiere una cosa —explicó Meldric—: eliminar a Ana y a sus variantes.
—Sé que no es el momento,me presento,soy Johana, tengo una pregunta.
Meldric hizo un gesto con su mano para que procediera.
—¿Estás seguro de que nuestros mundos no corren peligro? —preguntó Johana.
—Doy mi palabra —respondió Meldric—. Ustedes son el obstáculo de Balak para hundir la existencia en la nada absoluta.
La voz de Agatha, suave pero firme, se impuso.
—No hay necesidad de discutir. Este lugar ha creado habitaciones para todos.
Nadie respondió. Algo en su voz no permitía la réplica.
Ninguno
hablo, solo la siguieron, había algo en ella que no les permitía seguir
protestando, entre los pisos más altos, estaban las habitaciones, en ese
pasillo había ventanas por donde se podía ver las nebulosas, al parecer, ese
teatro o lo que fuera era similar a la mansión horologium, lugares que podían flotar
en medio de galaxias.
Agatha se
giró a ellos.
—No podrá
llegar a este lugar, aquí todos están seguros — dijo con suavidad.
—No podremos
quedarnos para siempre— protesto Aza—mi papá, mi pueblo…
—Sí, ustedes
tienen su hogar, su familia, yo no — respondió Agatha.
Esa
respuesta fue suficiente para silenciar todo, Ana sintió un nudo en el
pecho.Como lo tomaría cada variante al enterarse que si se produce el reinicio
y se corrige la anomalía, todos desaparecerían,sintió una gran pena por Afa,
Aza, Johana, quienes tenían sus familias, personas que proteger y Agatha, la
cual no tenía un mundo a donde regresar y las variantes refugiadas se
convirtieron en su razón de existir.
—Iré a
descansar—susurró Ana.
Karl
entendía lo que pasaba, en el tiempo que llevaba conociendo de nuevo a su hija,
ya sabía detectar cuando algo no andaba bien.
Esa noche,
Karl trató de conciliar el sueño, pero no pudo, creyó que al resolver el asunto
de Amalek, todo sería más tranquilo para concentrarse en salvar a Mara,pero no
fue así, salió de su alcoba y vio a Ana, distraída observando el firmamento cósmico
a través de la ventana.
—¿tambien
tienes problemas para dormir? — le preguntó a Ana.
—Al
principio, quería rescatar a mi mamá, convencerla de que aún podía abandonar
ese camino, ahora resulta que debo hacer algo que ocasionara que muchas cosas
que existen por causa de los cronomantes, dejen de existir —constesto Ana,
tenía sentimientos encontrados.
—Ana..
—Me odiaran
por esto, no son solo variantes, son personas, tienen sueños, miedos, seres a
los que aman, yo, yo no se que hacer— una lagrima rozó su mejilla.
Karl toco su
hombro, ella se dio vuelta y Karl la abrazó.
—Se que en
mi ausencia, tuviste que enfrentar muchas cosas por ti misma,a pesar de todo,
de tu inexperiencia,de enfrentar nuevos retos, siempre tomaste la mejor
decisión, pero ahora es diferente, yo estoy contigo, no tienes porque cargar
ese peso tu sola —le dijo Karl, Ana empezó a tranquilizarse.
—Tengo
miedo, no quiero que por mi culpa, todo desaparezca —expresó Ana.
De pronto,
la presencia de Meldric, Arfaxad, Aza y Johana interrumpieron el momento.
—Entonces,
¿eso es lo que temes que pase? —preguntó Afa.
Karl se puso
en frente de Ana, no iba a permitir que la hostigaran, sin embargo, Arfaxad,
Aza y Johana no tenían deseos de pelear.
—Temía que
eso pasaría, desde el momento que supimos de los mundos infinitos, al buscar el
rastro de mi madre,comprendimos que nuestro mundo fue consecuencia de las
acciones de los cronomantes —explicó Afa.
—Mi papá me
enseñó que hacer lo correcto no siempre traía consecuencias agradables, hay un
precio que pagar —dijo Aza resignada.
—Mi mundo se
encuentra en deterioro, la vida cada vez es mas difícil, si corregir esta anomalía
significa el fin, lo aceptare — dijo Johana.
Ana se
dirigio a ellos.
—No quiero
que desaparezcan, si resolvemos lo que está sucediendo, puede que entre todos
encontremos una solución para que no desaparezcan si se corrige la anomalia—expreso
Ana,apretó los puños y por un momento quería sentir esperanza.
—No puedo
decir que haya una solución satisfactoria para todos, pero puede que la
emperatriz tenga la respuesta,cuando acabe esta locura —dijo Meldric.
—Sera mejor
que tratemos de descansar, solo quería que supieras Ana, que cuentas con
nosotros, mañana haremos un plan —dijo Arfaxad.
—recuerden
que en mi casco tengo archivos y mapas de los mundos infinitos, hallaremos un
lugar donde puedan potenciar el cetro de Ana y podamos obtener la clave para
derrotar a Jagannath —dijo Meldric.
—Ahora,el único
inconveniente es Agatha —intervino Aza.
—¿Por qué lo
dices? — preguntó Ana
—las puertas dimensionales no sirven —respondió Aza — probamos una esfera con una puerta portátil y no funcionó, su poder es muy influyente en este lugar.
Cada uno volvió a su habitación e intentaron descansar.
Al día siguiente, el teatro volvió a llenarse. Agatha cantó de nuevo, pero esta vez su voz era distinta: nostálgica, posesiva.
El canto de las aves
me enseñó a soñar,
rocío de estrellas
aprendí a sembrar.
Siembro jardines
que no saben partir,
flores que esperan
que alguien las elija a mí.
Hagamos del cielo
un voto final,
una escalera de cristal,
donde amar
sea no marchar.
Las variantes aplaudieron. Agatha sonreía, pero Ana sintió algo más: una súplica disfrazada de promesa.
Ana los miro
a cada uno,estaban de acuerdo que debían hablar con ella.
Mas tarde,
en una de las habitaciones, Meldric les mostraba que podia existir un lugar
donde estaba Jagannath,cerca de un mundo donde podrían tener la tecnología para
potenciar el cetro de Ana.
—Puede que
en este lugar encontremos la solución —explicó Meldric.
—Creo que lo
mas complicado será convencer a Agatha de que nos deje ir —dijo Ana —No será fácil
convencerla.
—Esa debe
ser nuestra prioridad, hablemos con ella —sugirió Karl —por lo que he
visto,puede que sea alguien razonable.
Esperaron su
momento de descanso para ir a su camerino.Ana toco la puerta, Agatha dió el permiso y entraron, Agatha se estaba maquillando y vio al grupo de Ana por el espejo.
—¡Ana! —exclamo
Agatha — me alegra que estés aquí ¿Qué tal la estadia? ¿verdad que es fantástico?
—Sí, este lugar es increíble —respondió Ana con entusiasmo, entonces, su semblante cambió
—No podemos quedarnos —dijo Ana —. Tenemos que enfrentarlo.
Agatha se quedó inmóvil.
—¿Por qué arriesgarse? —preguntó—. Con mi voz puedo darles todo. No las retengo, las resguardo,las protejo del mal.
Ana la abrazó por la espalda.
—¿Qué fue lo que te pasó? —preguntó con ternura.
Agatha se apartó. Caminó hasta un rincón, sin mirarlas.
—En mi mundo… nadie me salvó.
—Todo
sucedió en 1945, vivía con mis padres en el municipio de Nocaima, no era una
vida perfecta, pero éramos felices, la comunidad del campo era pequeña, pero
unida, hasta que cuando llegue a la adolescencia, el poder de mi voz se
manifestó, podía crear ilusiones, algunas tomaban forma física, me acusaron de
ser una bruja, la iglesia me llamo hereje, que estaba poseída e invocaba espíritus
malignos, la comunidad nos rechazaba, pero esa no fue la peor parte,en 1951,grupos
armados invadieron nuestra tierra y tuvimos que huir, nos fuimos a la ciudad,
pasamos muchas necesidades, entonces vi un anuncio, buscaban un cantante o un
espectáculo que fuera impactante, mis padres no me respaldaron y tuve que
hacerlo sola —tomo una pausa y siguió. —Me presenté ante el gerente del lugar,
Gregorio Barbosa, quedó sorprendido cuando di mi presentación, se volvió mi
representante, no sabía que estaba vendiendo mi alma al diablo cuando firme ese
contrato, me dio la fama, sí, pero no tenía derecho a descansar, fue una
carrera fugaz, llena de éxito, maltrato, polémica y persecución de la iglesia
católica, me enamore y fui rechazada, un día, llegue a mi limite, en una
presentación, mi ira y frustración se manifestaron, con mis canciones podía
crear palomas, flores, esta vez, salieron demonios que incendiaron el lugar, lo
último que recuerdo es que una viga había caído sobre mí, sin embargo, desperté
en un lugar sin luz, por un momento pensé que era el limbo, sin saber qué
hacer, solo canté, entonces, la nada se convirtió en este teatro y luego
entendí que el poder de mi voz era moldear la realidad y más en este sitio,
donde mi poder había aumentado, con el tiempo, muchos viajeros
interdimensionales venían aquí y yo les ofrecía refugio, aquí no era un
monstruo, aquí soy amada, no quiero que nadie enfrente las cosas que pase, no
quiero abandonar este lugar ni mucho menos quiero que la gente que amo se
exponga.
Su confesión fluyó como un lamento antiguo. Cuando terminó, el silencio pesó como una losa.
Karl habló entonces, con una voz quebrada pero firme.
—El miedo me hizo perder a mi familia. No dejaré que vuelva a hacerlo. Permítanos ir. Volveremos.
Agatha no respondió. Solo pidió estar sola.
Ana y compañía
dejaron el cuarto, no había nada más que pudieran hacer.
Horas después, hubo otra presentación, pero esta vez. No cantó. Miró a su público.
—Hoy escuché otra voz —dijo—. No la mía… sino la de ustedes.
Respiró hondo.
—Este refugio no debe ser una jaula. Pueden partir.
Entonces el estruendo llegó.
Jagannath.
Agatha abrió una puerta con su voz, desgarrándose en cada nota.
—Piensen en un lugar —dijo—. Yo los llevaré.
—¡Agatha! —gritó Ana.
—Este es mi hogar —respondió ella—. Y protegerlo… también es una forma de amar.
Cantó una última vez.
Si mi voz fue un muro,
que ahora sea umbral.
Si fui el refugio,
aprendo a soltar.
Canté para quedarnos,
para no caer,
para que el miedo
no aprendiera a morder.
Pero el canto pesa,
cuando niega partir,
y toda jaula hermosa
termina por mentir.
(la voz tiembla)
Ana…
no todas las Anas
deben sobrevivir igual.
Algunas aprendemos
a rompernos
para que otras puedan andar.
Si el mundo exige nombres,
yo dejo el mío aquí.
Que se vuelva eco,
que se vuelva raíz.
No me busquen entera,
no me lloren final:
soy nota suspendida,
soy grieta vocal.
Cuando cantes sin saber por qué,
cuando el aire duela al vibrar,
ahí estaré,
no como voz…
sino como verdad.
La puerta se cerró.
El silencio fue absoluto.
Cuando todo terminó, Ana y los demás se encontraron en una Bogotá elevada sobre las nubes.
Agatha ya no estaba.

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