lunes, 26 de enero de 2026

Anacrónica: crónicas del memorimante: Capítulo 12

   Capítulo 12 

 Batalla celeste



Ana y las variantes permanecían en silencio, paralizadas.
Aquella dimensión había sido concebida como un refugio, un lugar imposible de alcanzar para Jagannath.

—N-no creo que… que ella haya… —Ana intentó articular las palabras, pero se le quebraron—.Con todo el poder que tenía… estoy segura de que…

Meldric apoyó la mano en su hombro, con una delicadeza inusual.

—No quiero sonar inoportuno —dijo con voz grave—, pero ya no detecto ningún rastro de ella.

El golpe fue silencioso.
No hubo gritos. Solo un vacío compartido.
La habían conocido poco tiempo, pero para Ana y sus variantes era como si hubieran perdido un fragmento irrecuperable de sí mismas.

Entonces, el cielo se oscureció.

Varios dirigibles emergieron entre las nubes, rompiendo la quietud con motores graves.

—No tenemos tiempo para el luto —intervino Afa—. Cuando todo esto termine, le rendiremos honores como merece.

De uno de los dirigibles descendió una mujer.
Era una variante de Ana, vestida con el traje de Karl, los mismos lentes, la misma memoria regenerita.

—Me alegra que hayan llegado —dijo con autoridad—. Veo que Aia logró comunicarse con ustedes.

—¿Quiere decir que las coordenadas no provinieron de mi base de datos? —preguntó Meldric—. ¿Alguien más nos guió?

—Así es. Para ser exactos, una inteligencia artificial. Será mejor que me acompañen a mi despacho.

Más tarde, ya en la alcaldía, la mujer se presentó:

—Mi nombre es Anya. Soy la alcaldesa de esta ciudad. Y ella es Aia, la antigua inteligencia artificial.

En la pantalla apareció una variante de Ana de cabello negro, con trenzas adornadas por relojes de neón y un traje surcado de circuitos luminosos.

—Vengo de un mundo donde las emociones son reguladas por chips —explicó Aia—. Un mundo de censura. Intentaron borrarme, pero escapé a través del ciberespacio… y he observado algo que deben saber.



El mapa se desplegó.
La ciudad flotaba en el cielo.
Y muy cerca… Jagannath.

—Ana, ¿puedes mostrarme tu cetro? —pidió Anya.

Ana se lo entregó.
Anya activó el mecanismo oculto. La hoja emergió con un pulso de luz.

—Esto no es un cetro —dijo—. Es una flecha.

El silencio fue absoluto.

—¿Tú la creaste sin saberlo?

—Después del enfrentamiento con el Astralord… —respondió Ana—. La espada Paradox me transfirió conocimientos que no comprendía del todo. Mientras diseñaba la memoria regenerita, fabriqué otros artefactos. La hora sellada fue uno de ellos. Nunca entendí su forma.

—Paradox es un arma cósmica viviente,sabía cómo derrotar a entidades como Jagannath —afirmó Meldric—. Incluso aunque tú aún no lo supieras. 

Anya se acercó a la pantalla.

—No tenemos tiempo, hemos diseñado una estrategia, se que algunas de ustedes son pilotos experimentadas, serán las que generen el ataque mas agresivo, 4 de los dirigibles tienen un mecanismo que es una trampa para enviar a la criatura a su mundo, la flecha es vital,respecto a las armas, las que harán el ataque, tienen un mecanismo que emula rayos cósmicos de los Zephyre, con eso podremos distraerlos mientras una de las naves dispara la flecha, cuando sea paralizado, activaremos la trampa.

Anya miro a todas las variantes.

—¿Quiénes tienen el valor para ser voluntarias? —preguntó.

Johana fue la primera en ser voluntaria, en seguida, una versión de Ana de cabello purpura con trenzas largas fue la segunda, luego Afa y así otras mas se lanzaron de voluntarias y completaron los equipos, Ana, Karl y Meldric decidieron acompañar a Johana, a la que se le encargo la flecha, Aza se unió al grupo de Afa y las restantes se unieron a los otros equipos, justo a tiempo, Jagannath estaba cerca.

Los dirigibles abandonaron la ciudad y se internaron en el cielo abierto.

Jagannath ya no era solo tentáculos.
Su cuerpo se manifestaba parcialmente: unas fauces colosales flotando en una nube de oscuridad viva. De la penumbra emergían ojos, demasiados, observándolo todo al mismo tiempo.

Y frente a él… Flare.

—Hemos cometido un error de cálculo —la voz de Anya tembló por el comunicador—. No contábamos con un guardián.

—¡Insensatos! —rugió la amazona—. ¿Cómo osan desafiar la voluntad de la emperatriz? La realidad será corregida cuando todo caiga en la oscuridad.

Flare atacó.

El cielo se fragmentó en corrientes de fuego y choque sónico.
Los dirigibles se vieron obligados a maniobrar de inmediato; uno fue atravesado por un rayo ardiente y explotó antes de que su tripulación pudiera eyectarse.

—¡Formación evasiva! —gritó Johana.

Aza se lanzó al vacío.

Su cuerpo se convirtió en un proyectil azul. Impactó contra Flare y ambas atravesaron un edificio flotante, reduciéndolo a polvo cristalino. El choque resonó como un trueno.

Mientras tanto, los dirigibles disparaban contra Jagannath.
Los rayos cósmicos apenas lograban ralentizar los tentáculos, que se movían como látigos vivos. Cada golpe arrancaba fragmentos de metal y lanzaba naves enteras al abismo.

—¡No se abre paso! —gritó una de las pilotos— ¡Nos está cercando!

El cielo era un campo de muerte.

Aza y Flare chocaban una y otra vez. Ninguna cedía.
Cada impacto drenaba energía. Cada error podía ser el último.

—¡Ahora! —ordenó Johana.

El dirigible se acercó peligrosamente a las fauces de Jagannath.
La flecha fue disparada.

El monstruo se detuvo.

Un silencio antinatural lo envolvió.

Cuatro dirigibles activaron la trampa dimensional… pero Jagannath se resistió.
La oscuridad se contrajo, empujando contra la apertura como una fuerza consciente.

—¡No aguanta! —gritó Meldric— ¡Va a liberarse!

Aza cayó.
Flare estaba a punto de rematarla cuando algo se quebró en su interior.

La armadura dorada se resquebrajó.
El fuego se apagó.

El cabello rojo se volvió azul aguamarina.

—No… —susurró Ana—. No puede ser…

Tera Crescent emergió donde antes estaba Flare.

No hubo tiempo para explicaciones.

Los tentáculos avanzaban.

—Apuntemos a las fauces —dijo Tera—. Todo. Ahora.

Tera y Aza unieron su energía.
El rayo fue devastador.

Jagannath fue arrastrado, desgarrado, empujado a la fuerza a través de la puerta dimensional, que se cerró con un estruendo final.

El cielo quedó en silencio.

Más tarde, en el despacho de Anya…

—¡Tera! —exclamó Ana, con los ojos brillantes.

—Eres tú… la colombianita —respondió Tera con una sonrisa cansada.

—supongo que todos queremos una explicación— dijo Meldric.

—La espada absorbio mis partículas, la emperatriz logró extraerlas, necesite tiempo para recuperarme, luego me integró a su equipo elite, cambiando mi identidad, me dijo que el día que pudiera enfrentar la oscuridad que habia en mi interior, podría volver a ser quien era, lo que no contaba es que ese hechicero lograra atrapar a la emperatriz —explicó Tera —apareció de repente cuando estábamos en el jardín de la emperatriz en cronopolis, el hechicero sacó una joya extraña, la llamaba el anhelo oscuro, con su poder tomo control de la emperatriz, de mí y los otros emperadores elementales.

—Entonces, es claro, debemos enfrentar a Balak —dijo Ana.

—El ministerio está custodiado, debemos llegar directamente a cronopolis —indico Tera.

Aia transmitió las coordenadas, mientras Meldric activaba la esfera para abrir el portal hacia Cronópolis, Ana comprendió algo con una claridad inquietante:

Jagannath había sido solo el comienzo.


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